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ESPACIO DE MARIA DOLORESEl rincón de los amigos |
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March 23 RETAZOS DE UNA VIDA: "EL MILAGRO"RETAZOS DE UNA VIDA: “EL MILAGRO”
Primavera de 1984…
Ringgg!!…ringgg!!…¿dígame?...Se oye una voz femenina al otro lado del teléfono que pregunta por la señora de la casa… Si, soy yo…dígame que desea… Hola, te llamo de parte de Juan Hernández Mora. No me conoces, soy la esposa de Juan, pasados unos años del fallecimiento de su esposa nos hemos casado y ahora vivimos aquí en Madrid donde yo tengo mi trabajo como profesora en un Instituto de Segunda enseñanza. …¡Pero que me dices!!! ¡Que alegría, qué gran sorpresa!!!...la emoción me embarga, dime...¿en qué barrio vivís? El tío Juan vivía a unas cuantas calles de mi casa, andando se tardaba tan sólo unos minutos…Era increíble!!! ¿estaría soñando? Habían pasado muchos años, era impensable lo que me estaba pasando…Siempre se ha dicho que “la vida da muchas vueltas” ¿tantas para traerme a mi lado al tío Juan? Era maravilloso, era un sueño!!. Ese mismo día me fui literalmente corriendo para ver el milagro que la vida me regalaba, no me podía creer que dentro de unos minutos iba poder ver, tocar y oír hablar a mi tío Juan, ahora un anciano de más de ochenta años, que aunque tenía algún que otro achaque propio de la edad y había sufrido un percance circulatorio, en general se le veía bien, estaba como siempre, con humor, ingenio, amoroso… ¡Qué emoción, abrazos mudos, sin poder decir nada…La emoción del anciano era aún más evidente que la mía…Para él significaba mucho poder tener a su lado a “la nena”. Mucho salto en el tiempo era ese. La había dejado de ver con 10 años y ahora se la encontraba, por caprichos del destino, hecha toda una mujer, casada y con dos hijas. Hablamos de todo, casi con prisa para que no se quedara nada por decir, era una sensación de querer resumir tantos años en unas horas. En realidad no había prisa ninguna, tío Juan vivía felizmente a mi lado, lo podía ver tantas veces como quisiera, no salía de mi asombro esto que me ocurría, era realmente un milagro…Si, existen los milagros, no hay duda… Hablamos de mis estudios musicales como era lógico. Por aquellos momentos estaba proyectando ir en el mes de julio a Salzburgo, al Instituto Orff, cuna de la Pedagogía Musical, para perfeccionarme en esta especialidad. Estaba orgulloso de que esa semillita que se plantó en su casa de Mahón hubiera germinado. Recordamos aquellos tiempos, el Ateneo y su empeño en que diera “conciertos” ante sus amigos, los juegos, los muebles y objetos tan bellos que tenia en su isla adorada. Recordamos a la Venus que poco a poco se había ido quedando sin brazos por comerse las uñas…¡Qué tiempos! Qué maravilla, qué felicidad…Reímos, lloramos, bromeamos… Le visité muchas veces, sola, acompañada con mi madre, con mi esposo y mis hijas. Conoció a toda mi familia y en esa primavera de 1984 fui la mujer más feliz del mundo. Echaba mucho de menos su isla y sus cosas pero estaba feliz con su nueva esposa, mujer muy culta, mucho más joven que él, hacían una buena pareja. Tio Juan deseaba como niño que llegara el verano y las vacaciones de ella para ir a su adorado Mahón. Llegó el verano, ellos se marcharon a Menorca, yo a Salzburgo y luego, en agosto nos fuimos mi esposo y yo con las niñas a disfrutar unas semanas de las playas del Mediterráneo. Era el mes de septiembre. En Madrid se disfrutaba del final del verano con un tiempo maravilloso, se podría asegurar que en vez de ir hacia el otoño estábamos entrando en la primavera, eso daba una sensación optimista y de bienestar. Contaba los días que faltaban para que volvieran de Mahón el tío Juan y su esposa que no debían de tardar mucho en llegar ya que ella empezaría pronto las clases en su instituto. Estaba deseosa de contarle que tal me había ido en Salzburgo, las experiencias, las simpáticas anécdotas que me habían sucedido y que estaba segura de que él las iba a disfrutar porque tenía un gran sentido del humor y algunas eran muy divertidas… Me lo había pasado fenomenal. Tío Juan volvió, si, volvió, pero nunca más pude ya verle y hablar con él. En el avión, viajando hacia Madrid sufrió un infarto de miocardio y no lo pudieron salvar, y allí mismo, en el vuelo de Menorca a Madrid, dentro del mismo avión falleció en ser más maravilloso que he tenido la dicha de conocer. Es imposible traducir en palabras lo que sentí en esos momentos. Es muy difícil expresar los sentimientos, sólo diré que mi tristeza era tan grande que no podía reaccionar ante tal acontecimiento. Un día soleado, una temperatura agradable y un pequeño manojo de amigos le despedíamos en su última morada aquí, en Madrid, lejos de su Mahón amado, lejos de ese pueblo que le adoraba, que le reconocía como hombre de gran valía, erudito y honorable, lejos de su Ateneo y sus ancianos tertulianos. A los pocos días, reaccionando, pensé que la vida no había sido injusta conmigo, al contrario, la vida me había regalado el milagro de poder volver a verle, charlar, mostrarle mi afecto antes de que ese ser partiera a otra dimensión donde, quizás, allí le esperara la auténtica “nena” esa que les había abandonado a los pocos años de nacer y llevaba mucho tiempo esperándole. A pesar de estas consideraciones tengo que reconocer que en mi vida quedó una nube gris que he ido despejando poco a poco hasta quedar en mi alma una sensación de serenidad cuando pienso en él. Como no tenía hijos, en su testamento constaba la donación de todos sus enseres tan valiosos, de todas sus pertenencias históricas, todas las cosas, mapas antiguos, objetos de arte, cuadros, muebles, procedentes de su propia casa y de la casa de su padre, toda esa riqueza histórica la donó al Ayuntamiento de Mahón. Al año siguiente de su fallecimiento el Ayuntamiento inauguró un museo en el complejo del Carmen: el MUSEO JOAN HERNÁNDEZ MORA, en la plaza de la Miranda de Mahón. …Y ahí, en Maó (Mahón), capital de la isla de Menorca, en ese museo quedó atrapada en el tiempo parte de mi infancia.
EPILOGO
Estos Retazos son mi homenaje a un gran hombre, pequeño en estatura pero grande por muchos motivos. Tío Juan…mi tío Juan, siempre te llevaré en mi corazón porque fuiste la persona que más cosas me dio: volcaste en mí todo el amor que no pudiste dar a tu niña malograda, me transmitiste el amor por las cosas bellas, el gusto por todo lo delicado, siempre entendí tu sentido del humor, humor a veces sarcástico que yo he “heredado” de ti. Tantas y tantas vivencias con un ser tan especial como fuiste tú para mí y para Menorca. Tu tierra te reconoció como Hombre Ilustre, tus pertenencias, tantas cosas bellas que te rodearon están recogidas en el Museo Joan Hernández Mora que la ciudad de Maó tiene el honor de mostrar a los visitantes.
HOMBRE ILUSTRE DE TU TIERRA, SIEMPRE TE LLEVARÉ EN MI CORAZÓN.
MARIA DOLORES VELASCO
March 13 RETAZOS DE UNA VIDA: "LA PARTIDA"RETAZOS DE UNA VIDA: “LA PARTIDA”
Estaba ante el primer dolor de los muchos que la vida le iba a proporcionar. Había llegado el día en que su familia tenía que partir hacia otro destino por motivos de trabajo de su padre. Habían sido cuatro años de aprendizaje de tantas y tantas cosas, de emociones, gustos, nuevas aficiones, sentimientos puros del amor de aquel matrimonio y su sobrina, de tantas horas felices, alegres, divertidas, de tantos conocimientos culturales, que sólo la idea de tener que partir marcó por primera vez un rictus de dolor profundo en su alma todavía virgen en los avatares penosos de la vida. No exagero cuando digo que fue una tragedia en la familia del tío Juan, lloraban porque por segunda vez se habían quedado sin “su nena” , con ese destino, ese fatum, de las tragedias griegas. Ya no volverían a conversar con la nena, ya no deleitarían sus oídos las interpretaciones al piano, bastante mejoradas, ni tendría el tío Juan que seguir mostrándole a la Venus de Milo como ejemplo de lo que le iba a pasar por morderse las uñas…No tendría a esa personita que le recriminaba por ser tan “tiquis-miquis” con la sopa, las moscas y los pelos… Los recuerdos agolpados, los sentimientos a flor de piel, una imagen de un barco, otra vez al anochecer, a la tenue luz del muelle, despidiéndose con una profunda herida en el corazón. Allí están…alejándose de ella, cada vez se les veía más pequeñitos, iban decreciendo…Adiós…adiós, señalaba con su mano desde la barandilla de cubierta del pequeño barco blanco, de maderas nobles, de lámparas de cristal, de escalinatas alfombradas. Yo no le llamaba la atención todo eso, ella llevaba en su mente y en su corazón otras “maderas” de más precio: cuatro años de felicidad, de amor, de cultura, de experiencias únicas… Mientras veía alejarse a sus seres queridos se le agolpaban en su mente los recuerdos de cuando el tio Juan la llevaba, orgulloso, al Ateneo para presentarla a sus amigos tertulianos como su sobrina y “pianista avanzada”, donde él pretendía que diera un “concierto”, cosa que nunca logró porque la nena era muy tímida para exhibir sus conocimientos y a pesar de que su mamá la sobornaba con la idea de hacerle un vestido muy bello para tan especial evento no había forma de que consintiera. Siempre tuvo muy claro lo que quería o no hacer, no en balde su padre decía de ella que era muy “voluntariosa”, bueno, una forma delicada de decir que tenía la cabeza más dura que las piedras. La noche, el camarote, dormir en el barco…Ahora ya tenia experiencia y cuatro años más, era toda una señorita, ya no le impactaban esas cosas, teniendo en cuenta que su alma estaba profundamente triste para que se distrajera con el decorado. El barco seguía su rumbo, esta vez hacia el puerto de Alicante porque el nuevo hogar de esta familia estaba en el sur de España. Unas nuevas gentes, unas costumbres diferentes, era empezar nuevas enseñanzas de la vida, esta vez menos intensas, menos emotivas, pero al fin y al cabo enseñanzas y experiencias que siempre dejan huella en la persona porque las experiencias de la infancia son base fundamental para la formación del ser humano. Pasan los años, se distancian las gentes hasta que ocurre el milagro…
Maria Dolores Velasco
March 07 RETAZOS DE UNA VIDA: "TIO JUAN"
Tio Juan…por qué no jugamos a ese juego tan bonito? …sí, ese que se llama “Botanicón” y que tiene unos cartoncitos con flores, animales y personas de todas las razas y todas esas cosas que tu me explicas y que me gustan mucho… Tio Juan, ¿Por qué tienes siempre miedo de que caigan moscas y pelos en la comida? Tio Juan...creo que vas a tener que aprender a comer pelos … Tio Juan, me dejas tocar tu piano?...No, no lo voy a estropear ¡si no lo golpeo!…¿ves?... lo toco suavecito, suavecito…¿te gusta como lo toco?... Nena, ¡no te muerdas las uñas!...si te sigues mordiendo las uñas te vas a quedar como ella. “Ella” era una reproducción de la Venus de Milo que tenía en el hall de su casa…La niña se quedaba pensativa delante de la estatua sin brazos meditando si realmente era verdad o el tío Juan estaba exagerando un poco… Sí, el tio Juan era una de las personas más importantes que había conocido esa pequeña niña, era el referente de la paciencia, de la amabilidad, de la sabiduría, del humor. El ser que sembró las semillas de muchas aficiones y gustos que tendrían un papel muy importante en su vida adulta. Don Juan era el vecino de la casa contigua a la suya. Era un matrimonio de mediana edad que no tenía hijos y vivía con ellos una sobrina de 17 años que estaba huérfana de padre y madre. Desde el primer momento que detectaron la presencia de la niña se volvieron locos de alegría, posiblemente, porque ellos habían tenido una niña que falleció hacía algún tiempo y que sería de su misma edad. Había llegado a sus vidas una ráfaga de aire fresco que le proporcionaba la presencia de su vecinita de 6 años, charlatana, curiosa de saber todo lo que había en su bellísima casa, llena de objetos preciosos y cuadros que ella nunca había visto: grabados antiguos de escenas de la vida balear, sus bailes, sus trajes regionales…Era un mundo nuevo aquella casa y estas personas pasaron del gran aburrimiento a tener una luz en sus vidas y siempre que era posible acaparaban a la “nena”, como ellos la llamaban, para que les contara cosas con su acentito peninsular que tanta gracia les hacía al oírla hablar. Él era “su tío Juan” porque la sobrina auténtica le llamaba “tio” y ella también…así que quedó adoptada como sobrina por los siglos de los siglos, era un pacto “for ever”. Menorca había sido durante la guerra civil zona republicana y al terminar la guerra con la victoria del General Franco, los lugares que habían sido republicanos fueron duramente castigados, de tal forma que sin haber tenido ningún delito de sangre, en prevención, las personas que tenían un cargo oficial, como era el caso de Don Juan que era catedrático, los depuraron y no podían ejercer su trabajo. El era un hombre muy preparado, era un erudito, un exquisito del saber, que para poder subsistir se tuvo que dedicar a dar clases particulares en su casa a niños, adultos y a todo lo que se le pusiera por delante. En ocasiones la niña presenciaba sus clases porque él la llevaba para que fuera familiarizándose con todo lo que enseñaba a sus alumnos, de tal forma que desde su más tierna infancia ya escuchaba como daba clases de latín , de historia, geografía…Era un deleite oírle explicar las guerra púnicas, la niña le escuchaba atentamente porque para ella era como un cuento de aventuras maravilloso por la forma tan perfecta de contarla, no olvidemos que poseía un gran sentido del humor que hacía que sus historias fueran muy atractivas. Don Juan pertenecía a una familia muy culta, su padre fue una gran arqueólogo, también él, y poseían muy bellos muebles, objetos valiosos, bellísimos, que la niña admiraba, quedarían estas cosas dentro de su retina para siempre, sin darse cuenta estaba adquiriendo un gusto personal que prevalecería a lo largo de su vida. Muebles de finas maderas con muchos cajoncitos eran sus preferidos, le encantaba abrirlos cuidadosamente, sólo por el placer de abrir y cerrar esos bellos cajones donde apenas había nada dentro. Una escribanía de plata que tenía en su mesa de despacho, con tinta y una pluma de las de verdad…si, una pluma de ave…eso era ya el deleite total! Era un mundo fascinante para una niña que desde sus 6 años tuvo la oportunidad de vivir entre cosas bellas. Su vida se centraba en el colegio, algunos ratos en su propia casa y el resto en casa de su tío Juan donde encontraba mucho cariño, muchos mimos y ellos sentían que sus vidas se dulcificaban con la presencia de la nena. La niña empezó a tener gran afición a la música y ellos le pasaron el piano a su casa para que un amigo, que era un buen músico y daba clases también para poder subsistir, le enseñara música para poder tocar el piano. Al año siguiente ya tocaba piezas facilitas y tanto en su familia como su tío Juan estaban muy contentos y felices de ver que esa personita les deleitaba ya con sus piececitas musicales. Una vida increíblemente agradable, una existencia feliz, plena, que “la nena” nunca olvidaría.
Maria Dolores Velasco
March 01 RETAZOS DE UNA VIDA: "LA CIUDAD"
Nadie en la familia podía sospechar lo que la ciudad de Mahón iba a significar en sus vidas. En principio una situación doméstica muy diferente, una casa confortable que el padre había preparado antes de la llegada de su mujer y sus hijos. Un trato muy especial con sus gentes, personas amables y acogedoras. Una ciudad donde no había inseguridad ciudadana de ningún tipo. Hoy día parece casi increíble que las casas no estuvieran cerradas con llave durante el día, y sólo había un pestillo que se podía abrir desde fuera. Si alguien quería entrar, sólo debía abrir la puerta y desde la propia entrada decir el saludo amable y delicado establecido: simplemente decir “Buenas….?” Con ese dejillo isleño y eso significaba que alguien les visitaba, acudían a la entrada y le daban la bienvenida. Tener la puerta cerrada con llave significaba que no eran personas de buena ley los que allí vivían, así que la familia decidió hacer lo mismo, aunque en honor a la verdad al principio se les hizo muy difícil acomodarse a esta costumbre ya que venían acostumbrados de Madrid, ciudad muy insegura en robos por la situación desesperada de la falta de casi todo que hacía que los ciudadanos, no sólo cerraran sus casas a cal y canto, sino que no se fiaban ni de su propia sombra. Nuestra protagonista disfrutaba con estas cosas y eso de entrar y decir “Buenas..? le divertía, era feliz con pequeñas cosas como estos detalles agradables. Otro detalle agradable y divertido era el saludo que cualquier persona que se cruzara por la calle en la noche. Era costumbre saludar con un amable “Bona nit tengui…” (tengan buenas noches), quizás con el mismo dejillo, como señal de personas de bien. El colegio , las compañeras, las profesoras todos eran gente encantadora y ella se sentía muy relajada y contenta. Su carácter era alegre y la vida en Mahón le fue moldeando su carácter de tal forma que yo diría sentó las bases de una forma de ser que perduraría toda su vida de adulta. Le agradaba enormemente el hecho de que en las islas se hablaba un idioma diferente, parecido al catalán y que ella a lo largo de los cuatro años que vivieron en Mahón fue aprendiendo de una forma natural y que , a pesar de que en aquellos años estaba absolutamente prohibido hablar otro idioma que no fuera el castellano, los menorquinos hablaban su idioma sin el menor reparo, quizás porque al estar en una isla el gobierno no le daba tanta importancia, “eran cosas de unos cuantos”…pensarían. No se reconocía lenguas como tales, los hacía llamar “dialectos”. El mar…ese gran desconocido para la niña que hasta ahora no lo había visto nunca. Disfrutaba con su mamá en las playas, esas bellísimas calas donde el agua es limpia y pura, lugares recoletos donde podía retozar a gusto. Paseos en barca por el bello puerto natural, le fascinaban esas actividades todo era nuevo para ella.
“Mamá, mamá!!, me han dicho en el colegio que mañana nos vamos de excursión, me tienes que preparar la comida esta noche”… Tortilla de patatas, filete empanado, fruta y algún dulcecito, la cantimplora llena de agua fresca era el consabido menú de toda excursión que se preciara. Alegría, nerviosismo al subir al autubús que llevaría a las niñas al lugar elegido. Risas, charloteos, cantos regionales, canciones infantiles…
“Al Sol le llaman Lorenzo y a la Luna Catalina. Cuando Lorenzo se acuesta Catalina se levanta…”
…y tantas otras canciones tan simples como esta pero que siempre se recordarán como entrañables.
Llegan al lugar elegido. Es un paraje impresionante. Hay como un silencio de eternidades y un momento sublime al contemplar los monumentos megalíticos que tanto proliferan por la isla: La Naveta de Tudons o la Taula de Trepucó o los famosos Talayots que quedaron como testigos de civilizaciones primitivas. A su corta edad era consciente del momento. Nunca había visto nada semejante. Eso si que era un lujo de excursiones, ya nada le impresionaría después de haber visto, jugado y vivido un día alrededor de esos lugares que la isla le regalaba. ¿Dónde iba a volver a tener una experiencia así? Nunca más…nunca más la tuvo. Vería en su vida muchas cosas, podría conocer lugares muy bellos pero poder jugar alrededor de monumentos construidos por hombres primitivos…eso ya no sería posible nunca más.
Una ciudad agradable, un hogar feliz, un colegio acogedor, el mar como elemento de muchas sensaciones nuevas y para colmo de dichas su padre le trajo una perrita muy linda que era como el broche de oro de lo que a sus años entendía lo que era ser feliz. Todo eso hizo que la niña creciera en un ambiente propicio para que nunca en la vida se le pudiera olvidar esa islita bella en medio del Mediterráneo llamada Menorca.
MARIA DOLORES VELASCO
February 24 RETAZOS DE UNA VIDA: "EL VIAJE"
Caía el atardecer y la noche invadía el puerto. El horizonte, todavía un poco rosado, estaba agonizante y su reflejo en el mar se desvanecía por momentos. La niña estaba feliz y nerviosa porque le esperaba una nueva sensación en su corta vida: Iba a embarcar en un ferry que le llevaría desde el puerto de Barcelona a una de las islas Baleares, Menorca. La travesía duraba 12 horas y se hacía durante la noche porque así los pasajeros mientras tanto dormían. La idea de dormir en un barco, en una cama, como en casa, le atraía enormemente y sentía que a sus 6 años le iba a ser muy difícil conciliar el sueño porque la excitación de todo lo que veía era demasiado para su corta edad. En aquellos tiempos de la posguerra los barcos, por pequeños que fueran, tenían un sabor muy especial. Escalinatas de madera barnizada y alfombrada que desembocaban en un salón redondo, alfombrado también y al frente un piano daba la bienvenida a los pasajeros. Las lámparas de cristal del comedor le daban un aspecto muy señorial, servían la cena camareros con guantes blancos…toda una experiencia para una niña que su mundo había sido su casa y la escuela, sin lujos ninguno porque en España no había lugar para ello. Era una época gris donde no había casi de nada, pero la imaginación y la creatividad natural de los niños sustituía la carencia de medios y se inventaban juguetes con cualquier cosa. No era un viaje por placer, muy pocos se podían permitir esos placeres. La familia se trasladaba a Mahón, capital de Menorca, por motivos de trabajo del padre. Toda una experiencia trasladarse de un Madrid difícil, castigado por la guerra, a un paraíso como ella pensaba que era Mahón. Risas nerviosas, preguntas miles, ver, tocar, experimentar, charlar como cotorra hasta con el capitán del barco…¡Qué experiencia! nunca olvidaría esos felices momentos. El barco zarpó y cuando había pasado apenas una hora el mar empezó a ondularse más de lo debido y su cabecita notó que todo le daba vueltas a su alrededor por lo que su madre la trasladó al camarote para descansar y dormir. Amanece… es muy temprano todavía pero el despertar de la niña fue otro motivo de felicidad. El barco entraba lentamente en el puerto de Mahón, bellísimo puerto natural. Su madre le avisa de que estaban llegando y en un salto se encarama de pie en la cama para ver desde la claraboya del camarote, con su pijamita puesto todavía, la magnífica panorámica del bello puerto. El mar como espejo de plata, brillante con la luz de la mañana y el Sol divisándose por el horizonte. La imagen de lo que vieron los ojos de la niña quedó fijada en su mente para siempre, fascinada no quería moverse de la ventana redonda del camarote a pesar de los ruegos de su madre para ayudarla a vestirse y prepararse para el desembarco. Mahón les daba la bienvenida…Mahón le tenía preparado una vida nueva, una vida que jamás olvidaría esa pequeña niña rubia, de ojos verdes oliva y piel muy blanca…
Maria Dolores Velasco |
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