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    October 11

    UN DIA EN PARIS

    UN DIA EN PARIS…

     

     

    Estamos en el año 2006, y  acabo de aterrizar en el aeropuerto Charles de Gaulle de Paris.

    Han pasado nada menos que 984 años de ese Paris que yo visitaba con mi fiel compañero el sonido en ese viaje de ensueño que yo tuve el privilegio de vivir.

    Ahora las calles no son angostas ni malolientes, ni los ciudadanos arrojan aguas a la calle ni hay roedores que temer, son avenidas bellísimas, espacios inmensos y edificios preciosos, señoriales, bien cuidados, calles con arboledas e inmensos jardines…todo en Paris es espacioso, una delicia para el visitante.

    Es otoño, las hojas doradas de los árboles caídas en las calles me recuerdan aquella canción de cuando yo era una tierna adolescente: “Les feuilles mortes”. ¡Que melodía tan bella, que “tristeza” tan agradable, que poema tan precioso tiene esa canción!!!…Recuerdo que cuando tenia unos 13 años nuestro profesor de francés del colegio nos la hizo aprender de  memoria…y además nos invitaba a cantarla …Siempre el sonido está presente, ese gran compañero que nunca nos abandona…Nos parecía entonces que era una tontería , una bobada, pero ahora al pasar el tiempo le agradezco enormemente el que nos enseñara canciones en francés porque , además de dar vocabulario y conocimiento de frases hechas, esas canciones contienen poemas que son maravillosos.

     

    Oh, como desearia que tú te acordaras

    de los días felices en que nos conocimos.

    En ese tiempo la vida era más bella

    y el Sol  más brillante que hoy.

     

    Las hojas muertas se recogen en la pala,

    Ves? Yo no le he olvidado,

    Las hojas muertas se recogen en la pala,

    los recuerdos y las penas también.

     

    Y el viento del norte las transporta

    A la noche fría del olvido,

    ves?  yo no he olvidado

    la canción que tú me cantabas.

     

    Era una canción que nos unía,

    tu me amabas y yo te amaba.

     Cuando vivamos juntos…

    tu  me amabas, yo te amaba.

     

    Pero la vida separa a los que se aman

    Muy  dulcemente sin hacer ruido,

    Y el mar borra sobre la arena

    Los pasos de los amantes desunidos…

    Mas o menos esta es la traducción de ese bello poema que sostiene esa bella  canción.

    Paris es así en otoño…grises en el cielo, dorados en todas sus gamas en los árboles y en sus hojas caídas que alfombran sus calles y  bellas avenidas…

    Lugares interesantes y diversos, toda una gama de diversos ambientes que hacen que el Paris de hoy dia tenga ese sello tan especial que lo caracteriza.

    Pero hay algo que no ha cambiado, algo que perdurará por los siglos de los siglos…NOTRE DAME, la Catedral de Notre Dame de Paris.

    Si, ahí está…igual que hace 984 años…majestuosa, severa, altiva, orgullosa de su juventud a pesar de los años. Se me asemeja a una gran fortaleza donde el foso es el propio Sena que la rodea por ambos lados.

    Es domingo y al llegar a sus puertas me invade una gran emoción, esta vez no es un ensueño, esta vez puedo ver con mis ojos y tocar con mis manos sus piedras.

    Entro, esta lleno de gente, están diciendo la misa dominical. Lo primero que observo es el coro…ahí está como en aquellos tiempos en que nuestros queridos Leonin y Perotin dirigían los cantos litúrgicos y mostraban sus innovaciones que con imaginación, profesionalidad y mucho entusiasmo lograron componer. Si…ahí están esos grandes maestros, yo los veo con los ojos del alma y me sonríen con un guiño de complicidad.

    Los cantores vestidos de azul añil destacan en el magnifico coro de maderas nobles totalmente tallado de bellos motivos. Siguen con sus bellos cantos como si no hubiera pasado el tiempo.

    La vidrieras, las columnas, todo…El tiempo no ha pasado por Notre Dame…es sencillamente emocionante. Si no se tratara de un lugar sagrado habría que decretar que lo fuera, porque es sagrado por derecho propio.

    Amigos míos, quiero compartir esta visita real con vosotros. En mi blog abajo expresado podéis ver imágenes que yo misma he tomado de este Paris del siglo XXI. Espero que las disfrutéis como yo las he disfrutado.

    No hacen falta más palabras porque una imagen vale más que todas ellas.

    La música que estáis oyendo es, evidentemente, la canción “les feuilles mortes” Interpretada por el gran Ives Montand, esa voz exquisita, ese buen decir, esa joya musical es para vosotros. Que la disfrutéis con amor.

     

    MARIA DOLORES VELASCO

    La música a que hago referencia la podeis oir en www.columnasur.org/lola.htm   que es donde publico mis articulos. Os recomiendo que tambien leais otro articulo que aparece en la lista de la izquierda de dicha pagina y que lleva el mismo titulo, porque esta visita a PARIS que aqui relato es real y hace referencia a esa otra que es imaginada, las dos tienen paralelismo.